[...]Aunque el juego de los niños en la primera infancia es muy físico y tiene que ver con sus cuerpos, ellos no están donde está su cuerpo cuando juegan con sus juguetes, sino en el lugar donde imaginan que sucede la acción. Después el juguete queda en el suelo, se acaban las historias y el lugar vuelve a convertirse en una cocina, un dormitorio o un salón.

Los juguetes nunca son objetos ni cosas, siempre quieren tener un significado. Las formas que proyectan en el suelo o detrás de una puerta, la constelación que dibujan al estar cerca o lejos de otros juguetes abandonados, también tienen su significado para el adulto que las mira desde arriba. Ese adulto sabe que la infancia es breve y que en esa fugacidad estamos, posiblemente, lo más cerca que un ser humano pueda estar de la libertad. De ahí el deseo de jugar con las formas, aprovechando la sugerencia que hacen los juguetes.

Estas piezas son un juego de adultos: un juego que hace el recorrido entre la forma del juguete mientras el niño juega, y la forma que proyecta en la memoria y la emoción del adulto cuando el juguete reposa, abandonado. Es una invitación,  aprovechando el efecto evocador universal de los juguetes, a volver a jugar como el niño que nunca se deja de ser del todo. [...]

 

Video instalación pieza